El precio del petróleo sufrió una caída abrupta de más del 8% este viernes, desplomándose hasta los 62 dólares por barril, su valor más bajo desde 2021. Este retroceso estuvo impulsado por renovadas tensiones comerciales a nivel global, particularmente entre Estados Unidos y China, que reavivaron los temores de una desaceleración económica mundial.
El conflicto se intensificó luego de que China anunciara aranceles adicionales del 34% sobre productos importados desde Estados Unidos. La medida fue una reacción directa a los nuevos gravámenes propuestos por el expresidente Donald Trump, que buscaban encarecer las importaciones chinas como parte de su estrategia proteccionista.
Desde JP Morgan, la analista Natasha Kaneva advirtió que de mantenerse estas medidas arancelarias, el impacto podría ser severo tanto para la economía estadounidense como para el crecimiento global. “Probablemente empujen a ambas economías a una recesión durante este año”, señaló en un informe para sus clientes.
A este panorama incierto se suma el anuncio de la OPEP+ —la alianza entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros grandes productores— que confirmó un incremento en la producción de crudo, triplicando las expectativas iniciales a partir de mayo. Esta combinación de mayor oferta y menor demanda anticipada generó aún más presión bajista sobre los precios.
“Los mercados todavía están tratando de digerir los efectos de los aranceles, pero el aumento de la oferta junto con una economía global en enfriamiento podría desencadenar una etapa de fuerte inestabilidad en el mercado energético”, explicó Angie Gildea, especialista en energía de KPMG Estados Unidos.
Goldman Sachs también ajustó sus proyecciones, recortando en 5 dólares sus estimaciones para las variedades Brent y WTI para el 25 de diciembre, llevándolas a USD 66 y USD 62 respectivamente. “Los riesgos que habíamos anticipado se están concretando: escalada arancelaria y mayor oferta de crudo por parte de la OPEP+”, apuntaron desde el banco de inversión.
El golpe también se sintió en Wall Street. Las acciones del sector energético de EE.UU. sufrieron un duro revés, con el índice XLE —que agrupa a las principales petroleras del S&P 500— cayendo un 7,4%, tocando niveles no vistos desde febrero de 2024.
¿Cómo repercute esta situación en Argentina y Vaca Muerta?
La caída del precio internacional del petróleo plantea un desafío importante para Argentina, especialmente para el desarrollo de su yacimiento estrella: Vaca Muerta. Este reservorio no convencional, ubicado en la cuenca neuquina, representa una de las mayores apuestas energéticas del país para atraer inversiones, generar divisas y reducir la dependencia energética externa.
Sin embargo, el negocio del shale argentino tiene costos de extracción significativamente más altos que los de otras regiones productoras del mundo. En ese contexto, un barril por debajo de los 65 dólares pone en jaque la rentabilidad de los proyectos y podría desincentivar nuevas inversiones, justo cuando Argentina necesita dólares frescos para estabilizar su macroeconomía.
Además, la volatilidad en el precio del crudo afecta los ingresos fiscales por retenciones a la exportación de hidrocarburos, limita el margen de acción del gobierno para mantener subsidios y puede frenar la generación de empleo en las regiones petroleras.
En definitiva, aunque Vaca Muerta sigue siendo una carta estratégica para el desarrollo argentino, su potencial está directamente vinculado a la estabilidad y atractivo del mercado global de petróleo. Si el contexto internacional continúa deteriorándose, será clave que el país implemente políticas que reduzcan los costos logísticos y mejoren la competitividad del sector energético.





