Breve Historia del BCRA

25 enero, 2023

Antes de tener una banca central, Argentina tenía una Caja de Conversión, que había sido creada en 1890 por Carlos Pellegrini, hasta entonces vicepresidente de Miguel Juárez Celman que lo reemplazó en el cargo ese mismo año.

La Argentina se rigió por el patrón oro hasta 1914, era un tipo de cambio fijo y el peso argentino estaba atado a él.

Por su parte, el Banco Nación fue creado en 1891y el auge económico y financiero de la década de 1910 lo colocó como banco líder del sistema. Con el estallido de la Primera Guerra, se le asignó el rol de prestamista de última instancia del sistema bancario. Así, se prefiguró el rol de la banca de fomento y desarrollo. Y, por otro lado, una serie de disposiciones posibilitó que la banca oficial saliera en auxilio de las finanzas públicas.

En la década de 1920 se fueron creando varios bancos centrales, sobre todo en la región andina, bajo la égida norteamericana, pero en Argentina y Brasil no sucedió hasta después de la crisis del 1930.

Desde fines de 1928, comenzaron a manifestarse en Argentina los efectos de la crisis económica mundial de 1930 debido a la salida de capitales por las atractivas tasas que ofrecía Estados Unidos. En diciembre de 1929, se vio obligada a abandonar el patrón oro y en 1931, luego de que Inglaterra también lo hiciera, se implementó el control de cambios.

Hacia principios de la década de 1930, Gran Bretaña comenzó a ejercer presión para que nuestro país crease un banco central que le permitiera estabilizar el tipo de cambio y eliminar los controles a fin de que se garantizara el acceso a las divisas de las empresas inglesas radicadas en el país.

Lo que se hizo fue constituir un Sistema del Banco Central en el que quedaron integrados los bancos oficiales y otros organismos de importancia. Esto implicó la centralización de los depósitos del sistema financiero. De alguna manera, se estableció un encaje del 100% de los depósitos y el BCRA iba a decidir cómo los direccionarían.

En 1949 la primera crisis económica del gobierno peronista hizo colapsar el frente externo y eso dio comienzo a lo que él describe como “una relación simbiótica entre el BCRA y el Tesoro, como prestamista principal del gobierno. Cabe señalar que aquí radica una de las grandes críticas que recibirá el Central a lo largo de su historia desde varios sectores, en su rol de financista del Estado.

En 1967 se encaró otra reformaintegral del sistema bancario y financiero a fin de robustecerlo con una mayor captación de depósitos. Rememora Rougier que, como resultado de ese proceso, en 1969 se promulgó una nueva Ley de Bancos. Pero, a fines de ese año, se comenzó a dar una fuga de capitales de corto plazo y un incremento de la inflación, lo que derivó en que el BCRA adoptara una política monetaria expansiva.

En 1977, el gobierno de facto liberalizó el sistema financiero.

El entonces ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz encaró una reforma financiera en el marco de la cual se dispuso restituir los depósitos a las entidades y liberar las tasas de interés. Se incrementó fuertemente la deuda externa y la expansión de la base monetaria.

Plan Austral y convertibilidad

El regreso de la democracia, en 1983, se encontró un panorama marcado por las obligaciones de la deuda y los aumentos en las tasas de interés internacionales. El Plan Austral buscó congelar precios y salarios y reducir el déficit fiscal. En ese marco, se dispuso que el BCRA no financiaría más la brecha fiscal. Pero las medidas no bastaron y, en 1989, asumió el nuevo gobierno, que implementó el Plan Bonex, un canje compulsivo de plazos fijos y títulos públicos.

Nuevamente, se le prohibió al BCRA financiar déficits del Estado. En 1991, en un proceso liderado por Domingo Cavallo, se aprobó la Ley de Convertibilidad, que limitó fuertemente al BCRA (anuló las herramientas de política monetaria, los redescuentos y las bandas para la intervención del mercado cambiario).

Una vez más, se reformó la Carta Orgánica y se estableció que el objetivo único del BCRA iba a ser la estabilidad de la moneda. Así, se sancionó un sistema bimonetario (dólar y peso). En concreto, se instrumentó el anclaje cambiario y la restricción a la emisión. Pero el “efecto Tequila” (una crisis del sistema financiero mexicano) hizo tambalear la estabilidad debido al alto índice de endeudamiento del país. Ante este golpe externo, se redujo en un 31% la cantidad de bancos en el país.

Los desequilibrios externos forzaron la salida de la Convertibilidad y el riesgo de la cesación de pagos dañó la confianza de los inversores, pese al megacanje y al blindaje financiero implementados con apoyo internacional. Así, en 2001, se impuso el “corralito” (la restricción del retiro de fondos en efectivo) y se desató la crisis de 2001.

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